Son las 8 de la mañana de hoy 17 de diciembre del 2009. Un día más de un año que ha tenido de todo. La pena más grande por la pérdida irrecuperable de mi padre y sus consiguientes secuelas, como la alegría infinita de conseguir la realización de dos sueños personales acariciados por muchos años “La Escuela de Primavera de Artes Visuales” proyecto fondart de la Universidad del Bío Bío y la creación del CIFER, Círculo Femenino Regional de Escritoras.
La jornada de ayer celebrando la navidad con mis amigas escritoras, fue una fiesta de reflexión y alegría infinitas. Fue realmente extraordinario en todo el sentido de la palabra. Ahí estaba Noemí, la anfitriona, con su peculiar sentido del humor acogiéndonos a todas con sencillez y grandeza; simple, franca, directa y generosa. Mariana, tierna y dulce con su hablar pausado, leyendo sus impresiones sobre su propia guerra interior con las palabras. Silvia, pequeñita y tan grande al mismo tiempo; cariñosa y ocupada, diligente, generosa, hormiguita trabajólica y diligente. Yolanda, puntual, cariñosa y contenta de estar con nosotras compartiendo la celebración de navidad en una fecha que recuerda con especial sentimiento porque un 16 de diciembre su esposo se fue a escribir poemas más allá de las estrellas. Pilar, haciendo honor a su nombre, apoyadora y puntual ; amena y alegre, inundando el ambiente ya sea con esa risa tan característicamente suya, tanto como leyendo con legítimo orgullo los trabajos literarios de su nieto Javier, quien por cierto, pinta para celebridad. Bárbara, con la frescura de su juventud, intensa, cariñosa, su sonrisa amplia, disfrutando cada instante y cada palabra salida de la boca de sus viejas amigas. Carmen, Carmencita o Pocahontas, de sonrisa amplia, bromista permanente, sensible y fraterna.
Todas juntas vivimos una jornada que tuvo de todo. Villancicos al comienzo, un rico té, intercambio de regalos y chistes tiernos y de los otros al final. Fue muy grato una vez más, presidir esa reunión de amigas. La solemnidad y formalidad de la ocasión, no nos impide ser auténticamente libres en nuestra expresión. La reunión se extendió un poco más de lo normal, pero a pesar de ello, todas quedamos con ganas de que la jornada hubiese sido más larga.
Cada día quiero más a mis amigas y siento que las necesito tanto como ellas me necesitan a mí.
Olga Chávez Gutiérrez
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