Vi desde mi sala
aquella granizada,
el mundo quedó blanco
de blancura inmensa.
Gritos de niños,
alegría en sus caras,
era algo muy nuevo
que sus ojos miraban.
Sus ojitos tan bellos
con brillo inocente,
sus almas tan blancas
como la blancura
de aquella granizada.
YOLANDA CANALES HERNÁNDEZ
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