He decido escribir, pero como no sé a quién dirigirme, he decidido escribirle a la nada… sí, a ti, a aquello que es indeterminado, que no tiene género, número y quizás, tampoco tiene un lugar en el espacio.
Mi mente navega de un lugar a otro intentando encontrar respuestas a esto que está pasando, intentando descifrar los por qué. Lo más cómico de todo, es que no existen tales respuestas, no existen tales por qué, ya que las cosas son como tienen que ser, suceden porque tienen que suceder.
Es cierto, a algunos les toca la vida más fácil que a otros y a algunos nos toca un tanto más complicada, pero qué hacer sino seguir, qué hacer sino luchar, caminar, perseverar.
Mi pensamiento se nubla y a veces mis emociones afloran desde lo más profundo de mi ser, pareciera que mi alma quisiera gritar muchas veces de impotencia, por sentir que lo que sucede es tan injusto, pero ¿qué saco con gritar, qué sacaría con llorar o bien tirar miles de cosas lejos para apagar la rabia y pena que siento a la vez? Nada, eso sacaría, nada.
Entonces llego a ti, a la nada, a aquello que no tiene un significado específico, a aquello que es tan neutro o puede resultar tan vacío, a aquello muchas veces frío. Llego a aquellas típicas respuestas que uno da cuando no quiere responder lo que realmente es, lo que realmente siente, llego a la nada y prefiero en este minuto no sentir nada a sentir la pena que me embarga al tomar conciencia de que hoy, la vida no me es tan fácil, pero aún así sé que sigue siendo bella.
Y esta nada me lleva a reflexionar sobre la felicidad, a aquella palabra que sólo está compuesta de momentos de los cuales nosotros somos los encargados de poder prolongar para que no se esfumen tan rápidamente. Entonces pienso en que he prolongado los bellos momentos y no quiero que este sentimiento de impotencia los opaque, quiero borrar esta pequeña pausa que me di dentro de mi felicidad para sentir esta rabia y vacío de tener que pasar por momentos complicados para lograr mis objetivos otra vez.
Ya nada me detendrá, ya nada me pasará, yo seguiré a pesar de lo que vendrá, es lo que me repito una y otra vez.
Nada, sólo quiero sentir nada, no quiero detenerme a pensar que esto me costará más de lo que quizás a otros podría costar, es lo que me tocó vivir, es lo amargo que debo beber para luego disfrutar la dulzura de aquel cáliz que espero con ansias poder saborear, en este camino que me llevará con triunfo a la meta final.
CARLA MERINO PONCE
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Querida Carla: tienes que seguir escribiendo... Tus reflexiones son muy profundas y tu manera de expresarlas resulta muy grata a quien las lee... Y recuerda que los momentos felices son lo suficientemente fuertes como para superar las penas... Un abrazo.
ResponderEliminarPily
gracias Pily, y tienes razón respecto a los momentos felices, sólo este vaso amargo me sirvió para darme cuenta cuan dulces pueden ser los brazos de alguien que entrega todo su amor, y seguiré escribiendo porque es una pasión. besitos
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