Hace un buen tiempo que he querido comentar con los lectores de este prestigioso medio de comunicación, mi descubrimiento de este filósofo español, que está vivo y vigente en su tierra natal, porque junto con el exitoso libro “El mundo de Sofía” de Jostein Gaarder, es la persona que con sus escritos hizo que me reconciliara con la Filosofía, área del conocimiento humano que aparece como demasiado abstracta y árida cuando se nos plantea, brevemente, en nuestros años de estudiantes de Educación Media.
Sin embargo, suele ocurrir que por la necesidad de profundizar en algún tema o simplemente por inquietudes personales, sea preciso adentrarse en ese profundo mundo filosófico, tema bastante complicado cuando no se poseen las conductas de entrada necesarias. Es en ese momento que las ideas de Fernando Savater nos abren la puerta a un mundo nuevo, llevándonos de la mano por el sendero que nos permitirá abordar temas complicados con un lenguaje sencillo y fácil de abordar.
En la actualidad, pareciera que abordar el tema de la Ética es una necesidad imperiosa. Savater nos propone, entonces, su “Ética para Amador” que escribiera dirigiéndose a su hijo Amador, con el propósito de enseñar Ética a los adolescentes sin perder validez para los adultos que queremos comenzar a estudiar temas filosóficos sin caer en el tedio. Savater, sin pretender agotar el tema, sino con el propósito de contribuir de manera literaria y filosófica al permanente dilema de distinguir el bien del mal propone sus ideas con claridad y sencillez.
Del mismo modo, en su libro “Las preguntas de la vida” se refiere a aquellas cuestiones que nos planteamos sin que la ciencia encuentre una respuesta: “¿qué es el tiempo?... ¿cómo podemos saber que hay algo fuera de nuestras mentes?... ¿por qué una palabra significa algo?... ¿por qué una acción es buena o mala?... ¿qué es el hombre, sino un animal que pregunta y seguirá preguntado más allá de cualquier respuesta imaginable? Savater no pretende, ni la Filosofía tampoco, responder estas preguntas, pero sí manifiesta el propósito de encontrar la manera de plantearlas que resulte más provechosa, de modo que nos vayamos acercando cada vez más a la esencia de las cosas.
M. del Pilar Rivera C.
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