ATRÉVETE A ESCRIBIR TUS SUEÑOS

ATRÉVETE A ESCRIBIR TUS SUEÑOS
La vida siempre nos presenta situaciones que se transforman en sueños que anhelamos concretar... Tal vez, al escribirlos, podamos alcanzarlos... Es lo que deseamos... Es lo que esperamos...

domingo, 16 de mayo de 2010

PEUCA, TE HABLO

Tal como no sé bien cómo entraste a mi vida, no sé muy bien como comenzar a escribir. Sólo tengo claro el impulso de plasmar mi experiencia en letras tangibles que pueden estar lejos de mi corazón. Había oído de personas como tú, pero esperaba que fueran un mito, que tal grado de bajeza no se acercaría a mi vida. Me impresiona como una persona tan lejana, tan extraña a lo que he construido pudo haberse intruseado, sacar con sus garras lo que quiso, sin el menor esfuerzo de enmascarar su oscuridad y egoísmo, su carente conciencia, sin culpa ni remordimiento. La frase “destructora de hogar” realmente la encontraba arcaica, y pagué mi ignorancia al conocer lo tremenda que puede ser. ¿Cómo puedes ingresar a la vida de otra persona así de fácil? ¿Qué te pude haber hecho? Si ni te conozco.
El anonimato de tu impacto me irrita. Causar daño y no dar la cara. Cobarde. Sucia. Manchada de bajeza. La ausencia tan vivaz de dignidad humana, de honor, de humildad y de valores me deja horrorizada. El vuelo rapaz del individualismo rasguña la piel de sus víctimas en forma ardiente y sorpresiva. No fui excepción, ni tú fuiste humana.
No escribo esto para que lo leas. Es para recordarme de lo que has significado en mi vida. Has contribuido a la mayor prueba de mi ser como mujer adulta. Vi como mi ser amado se transformó en un extraño, alguien a quien dejé de admirar. Vi tu veneno en mis venas esparcir llegando a recordar emociones de esclavitud, de odio y desesperanza. Sentí tu risotada vil. Olí tu hedor a través de la intuición; el asco de un recuerdo no vivido.
A pesar de lo voraz de tus mordidas, salí ilesa, fuerte incluso. Supe de mi capacidad de actuar con dignidad, con discreción, honestidad y alegría ante lo oscuro. Descubrí que aún en las tinieblas tan hediondas de tu rastro, busqué la luz y sigo su sendero. No me comparo contigo, porque no es posible. No somos de la misma especie.
Satisfecha estoy en saber que lo único que me has robado es una existencia mediocre. Quédatela, ten una larga vida con tus consecuencias. Te aviso con un corazón, que la presencia de Ernesto en este mundo, ya no tiene significado para mí.
Si mereces perdón o clemencia, no es para mí juzgar; sólo ten claro que de mí no lo obtendrás. De mí sólo obtendrás el reconocimiento de tu ser interno, simbolizado de la forma más honesta que puedo ofrecer, tu verdadera identidad, eres la Peuca.
Barbara Elgueta Guzmán

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