Mi mente vaga hacia un lugar lejano, va rápidamente hacia él, nada ni nadie la puede detener. Es en ese lugar donde encuentra la paz, el equilibrio, su libertad.
Comienzo a sentir cómo el aire inunda mi ser y lo lleva hacia un lugar no pensado… ahí estás tú, sentado en un banco rodeado de áreas verdes. Puedo verte sonreír, tienes un libro en la mano, me estás esperando, sabías que llegaría, sabías que vendría a visitarte. Tenemos tantas cosas de que hablar, tantas situaciones que han pasado en estos días, sé que te gustará oírlas.
Me invitas a sentarme junto a ti, tomo un lugar a tu lado…puedo sentirte; me miras como en aquellos tiempos en que pasábamos largas horas sÓlo contemplándonos y aprendiendo el lenguaje del silencio, ese que es capaz de expresar más que las propias palabras; siento que algo te tiene triste, pero no quieres hablar de ello y me invitas a sacar todo lo que llevo aprisionado en mi corazón. Tomo tu mano y comienzo mi historia de esta manera: hoy me siento feliz, plena, dichosa con lo que estoy viviendo, no sé si a ti te vaya a parecer bien o mal, pero como siempre, compartimos todo, sé que de alguna manera te sentirás maravillado con mi felicidad. He descubierto el modo de estar equilibrada en mi vida, a pesar de todo aquello que me toca llevar a mis espaldas, por fin puedo decir que tengo el equilibrio. No ha sido un trabajo fácil, tú lo sabes debido a que hace un par de semanas me sentía la mujer mas desdichada del mundo, ya que los problemas me sobrepasaban, no sabía qué hacer con mi vida y con la del resto. Bueno, para mi fortuna, encontré la respuesta dentro de mí, pero antes me acordé de ti, de esa manera fantástica que tenías de saber cuando estaba bien o mal y aparecías sin que nadie te llamara ni dijera nada… tú todo lo sabías. Siempre fuiste perfecto para mí, pero lo más hermoso era que con una sola palabra tuya sentía que el mundo sonreía nuevamente para mí. Esas semanas, me sentí desolada, desorientada, sin rumbo, comencé a buscar en mi interior y no podía hallar la respuesta a mi interrogante. Fue ahí, en ese preciso momento de perdición que llegué a ti, pensé que no te volvería a ver, sentí que ya te habías ido de ese mágico lugar de encuentros donde lo onírico se confunde con lo real, pero esperabas por mí, sabías que te necesitaba. Sonreíste, como en aquel tiempo en que aún tenías un cuerpo donde anclar y me dijiste que sólo me preocupara de ser feliz, que deseabas mi felicidad.
Hoy eso hago y vine a visitarte para sentir tus bellas manos y compartir contigo lo que me está pasando. He descubierto que el amor no es sólo estar con aquella persona día tras día, he descubierto que es sentirse apoyados mutuamente; es dejar que ese alguien se preocupe por ti en la manera que pueda, no es exigir ni pedir nada a cambio, simplemente recibir lo que te puedan dar; me he dado cuenta que no es necesario un te quiero para saber que la persona que tienes al frente siente amor por ti, es más importante un gesto, un abrazo o simplemente una mirada cómplice que te lo exprese; he aprendido a sentir libremente sin tener culpa porque mi corazón está latiendo nuevamente; he aprendido que la vida está hecha de momentos mágicos llamados felicidad y que pueden extenderse si comienzas a amar y contemplar las cosas simples de esta vida; he aprendido que dos manos unidas pueden trasmitirse mucha energía positiva para poder soportar aquellos tragos amargos que te da la vida; he aprendido que la voz del ser amado puede retumbar en tus oídos eternamente y se vuelve tu calma cuando llega la ansiedad; he aprendido a caminar sin tener tu mano para guiarme y sostenerme; he aprendido a crecer en la adversidad; he aprendido a contemplar la luna y las estrellas y saber que ahí te puedo encontrar.
Hoy te siento en el aire, sé que te has fusionado con el universo, ahora siempre estás junto a mí… inhalo profundamente y pareciera que cada célula de mi cuerpo te respirara… mis pulmones se hinchan y comienzo a sentir la felicidad de tenerte en el hoy… creo que se acaba el tiempo para estar juntos, pero esto es todo lo que te puedo contar…
Me miras, cierras los ojos y pareciera que comprendiste cada una de las cosas que dije, acaricias mi mano y me invitas caminar por el hermoso sendero que nos lleva hasta un acantilado… desde ahí podemos observar un riachuelo cristalino… paramos un momento, me haces cerrar los ojos y oír el ruido del agua… al cabo de unos minutos me dices: me alegro que hayas encontrado la forma de estar feliz, sé que no ha sido fácil, tampoco lo ha sido para mí, dejarte sola me preocupaba de gran manera, pero me dejaba tranquilo el hecho de haberte entregado las herramientas para continuar y sobrevivir… hoy me siento orgulloso porque las recogiste de tus recuerdos y tomaste la decisión de seguir el camino que alguna vez intenté trazarte. Nada ha sido en vano, todo tiene una finalidad, eso siempre recuérdalo; nada sucede por casualidad, todo pasa porque tenía que pasar. Espero entiendas todo este enredo de palabras, debes buscar siempre dentro de ti, ahí encontrarás las soluciones, las respuestas y también podrás encontrarme a mí. Ahora debo marcharme, no sé si pueda seguir viéndote, eso nunca lo sé, pero si te encuentro, debes saber que es por la promesa que alguna vez te hice… yo también te echo de menos.
Abrí los ojos y ya te habías marchado, respiré hondo una vez más y sentí como la paz recorría mi cuerpo y mi corazón. Era tiempo de irme de ese lugar mágico que sólo existe en mis sueños y en mi mente, llegaba el momento de regresar a la realidad.
Ahora estoy aquí junto a quienes he decidido estar, me siento feliz porque además te tengo en mi vida, he descubierto la forma de estar en equilibrio con mis emociones y además la fórmula más dulce de ser amada y de amar. Me siento dichosa con lo que tengo y con lo que sé que un día no muy lejano tendré.
CARLA MERINO PONCE
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Precioso, querida amiga... Sigue escribiendo, que lo haces muy bien...
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