Quisiera ver tu rostro...
descorrer el velo
que cubre tu cuerpo
y besar tus manos
que otrora acariciaron mi pelo,
mi rostro, mi cuerpo.
Quisiera ser la luz
y destruir las tinieblas
que te ocultaron de mi vista.
Quisiera ser el viento
y levantar la lápida
que te cubre desde
hace mucho tiempo.
Quisiera ser una voz suprema
y decirte: ¡Sal de ahí!
y correr a tu encuentro.
Quisiera ser la vida
y volcarla allí
en tu aposento.
Quisiera tornarte a la vida
y tenerte...
o tal vez quisiera...,
o tal vez quisiera yacer
como tú en un lecho eterno
bajo una lápida
que no levante el viento
y ocultos en las tinieblas
donde nadie pueda vernos,
decirnos tantas cosas
que guardó el silencio.
NOEMÍ SEPÚLVEDA IDALBO
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