Al compás
de tu guitarra
fui cantando
por tierras y por mares.
La luna llena
me aplaudió
en la cara
y el sol naciente
iluminó
mi alma.
Tu música
y mi canto
cruzaron los cielos,
y abrazados
y envueltos
en coloridos mantos
fuimos amándonos
por pueblos
lejanos
y mágicos.
Nunca vi el cielo
de colores tan fulgentes
como los amaneceres
de fugaces
conciertos.
Al compás
de tu guitarra
fui cantando
por tierras y por mares.
Nació
en mis entrañas
la nueva primavera
y llena de vida
te volví amando.
Hoy te veo
y te siento lejano.
¡Qué fue de tus besos!
¡Qué fue de tus manos
acariciando
mi cuerpo
cual Mozart al piano!
En concierto
hoy
yo entono
la melodía triste
de tu fiel guitarra…
y mi alma eleva
silente
una canción amarga.
¡Qué sabor tan frío
me congela !
¡Qué lejano
y qué cerca ese tiempo
feliz
de la dulce copa
en los lejanos nidos!
Hoy
que sÓlo escucho
los acordes
de tu discreta guitarra
siento
que al cantar…
yo bebo…
¡la amarga copa
de tu olvido!
OLGA CHÁVEZ GUTIÉRREZ
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